martes, 17 de marzo de 2009

Cronología de un embarazo de alto riesgo

Antecedente de pérdida fetal temprana, historia de infertilidad, trombofilia combinada, embarazo gemelar, detención de uno de los dos embriones, incompetencia cervical, pérdidas y contracciones, arteria umbilical única. Cualquiera de estos factores convierte a un embarazo normal, en un embarazo de alto riesgo.

¿Y todos esos factores juntos en un mismo embarazo, en una misma persona, en qué la convierten? En un manojo de miedo. Pasen y vean.

La historia de infertilidad ya la he contado a grandes rasgos. Tampoco es cuestión de convertirme en esas viejas que tratan sus enfermedades como galardones de su sufrimiento. No es mi estilo, o al menos no lo era.
Del bebé que perdimos también hablé. De la trombofilia aún no. Bien, es un rasgo de coagulación. En criollo, digamos que la sangre coagula más de lo normal. Se soluciona con la bendita heparina. En mi caso, dos inyecciones por día durante todo el embarazo y al parecer, santo remedio.
Estos detalles ya eran suficiente bagaje como para estar algo atemorizada. No es sencillo mirar el futuro sin tener en cuenta el pasado. Hasta aquí la respuesta facilista de los ignorantes era: este es otro embarazo, no tiene por qué ser parecido al anterior. Bien, tiene lógica. ¿Puede ser peor, entonces?

Tratábamos de sostener una alegría cautelosa luego de que el evatest y dos análisis de sangre habían confirmado el positivo. Había que esperar los benditos latidos. Llegada la semana 6 la ecografía arrojó un resultado inesperado. No era uno sino dos embriones latiendo con frenesí. ¿Podía ser verdad? ¿El mundo se redimía ante nosotros y luego de tanta tristeza nos llegaba la compensación? La cuestión de las compensaciones nunca me cerró. Para mí, la gente no tiene lo que se merece. Lo que tiene por ahí lo merece y lo que merece por ahí lo tiene, por ahí no. No creo en una mano superior, justiciera, que en algún momento pone las cosas en orden. Dicho esto, entenderán que no podía creerme tanta dicha. Era demasiado. Y no me equivoqué.

En la semana 8, ecografía de control. A decir verdad, llegamos con la guardia un poco baja. Habíamos hecho otra ecografía dos días antes y los gorditos latían despampanantes. Chicos, uno de los dos bebes no tiene latidos. ¡Y la puta madre! ¡Esa maldita frase otra vez! El otro bebé está bien. La gente que se enteró del embarazo por entonces no sabía si felicitarnos o darnos el pésame. Era como una media sonrisa entristecida. Luego de un fin de semana de locos en el que me había convencido de que todo terminaría mal, pude ir recobrando la calma con el correr de las ecografías, digamos normales. Uno crecía, el otro se achicaba.

La incompetencia cervical se diagnostica, entre otras cosas, por ecografía. En mi caso estaba bien, pero un flujo sospechoso llevó a mi obstetra a decidir practicarme un cerclaje. Se cose el cuello del útero para evitar que se abra antes de tiempo. Dicho así parece simple. El detalle es que se realiza en quirófano y con anestesia general. Había entrado a ese recinto aséptico muchas veces sin mayores titubeos. Entrar embarazada es otra cosa. Cuando se tiene mucho para perder, las piernas tiemblan más. Salio todo bien.

En la semana 15, una sorpresa adelantada. Mi pichoncito, me da su primer señal de vida. Siento un cosquilleo raro. Nunca había sentido algo así. No quería creerlo pero era él. Se movía y yo podía sentirlo. Ahora iba a estar más tranquila. En lugar de desear una ecografía todos los días, con una día por medio, estaría feliz. O eso pensaba.

Saber que estaba allí, ayudó. Nos habíamos relajado un poco. Mientras sentía sus cosquillas en la panza, podía dedicarme a otras cosas.

Semana 16, sábado a la mañana. Me levanté como todos los días para inyectarme la heparina. Sorpresa. Tenía pérdidas. Durante el día fueron tenues y marrones. Y para colmo el niño había decidido tomarse descanso justo ese día. No se movía o yo estaba tan loca que no distinguía un elefante de un canario.
Fuimos a la guardia. Como siempre, me trataron como una temerosa exagerada. La ecografía dio bien y respiré aliviada. Cenamos y miramos una película. Al terminar, las pérdidas se habían tornado rojo intenso, cada vez eran más abundantes y me avivé de que estaba teniendo contracciones. Mientras llamaba a la obstetra, sentí como si hubiera roto bolsa. Me mojé entera como si me hubiera hecho pis de súbito. En dos segundos y medio estábamos subidos al auto, camino a la guardia, bajo una lluvia torrencial. El mismo médico que me había tildado de miedosa estuvo veinte minutos tristísimos sacándome coágulos de un tamaño parecido a media pelota de fútbol. Mientras, nosotros ya estábamos haciendo el duelo. Por mucho menos, habíamos perdido a nuestro primer bebe. Las chances de sobrevivir de éste eran, para nuestras cabezas, nulas. Me llevaron a ecografía. Sorpresa. El bebé estaba perfecto y encima nos enteramos, contra todos mis pronósticos de género, de que es varón.
Luego de eso estuve internada cuatro días para parar las contracciones y las pérdidas. El bebe seguía bien. Y más allá de una pequeñísima imagen laminar en la placenta, nadie supo decirnos de dónde salió tanta sangre.

Vuelta a casa. Olvidate del trabajo. Reposo absoluto. Te levantas para ir al baño, para comer y nada más. Los sueños de ocupar mi cabeza en otra cosa se esfumaban. En cama no iba a hacer más que convertirme en una experta máquina registradora de movimientos del bebé. No quedaba otra. Uno se acostumbra a cosas mucho peores.
Siempre dije: si me dicen que tengo que hacer la vertical nueve meses y así el niño nace bien, lo hago. Estar en la cama es menos complicado, especialmente porque nunca me salió hacer la vertical. Igual, aprendería. No lo duden.

Llegamos a la semana 18. La ecografía y el doppler estaban bien. Ya casi nos íbamos y salió el tema de nuestro bebé anterior y su estenosis en el cordón. Entonces, el médico recordó mirar mejor este cordoncito. Tiene una sola arteria, tendría que tener dos. ¡Pero la puta, che! ¡No tenemos paz!
Arteria umbilical única. Puede ser un hallazgo sin consecuencias, nos puede llevar todo al tacho, o puede haber problemas leves o graves.
En fin, si leyeron hasta acá, se imaginan cómo salimos del consultorio, los días siguientes y los actuales.
Como todo, a esto también nos acostumbramos. Hasta no tener que ir nuevamente a la ecografía, por momentos hasta logro pensar que mi niño está bien, que nacerá fuerte y sano. Hasta que llega el día de la eco. Estoy en la sala de espera y me tiemblan las piernas.

4 comentarios:

Mónica dijo...

Ayyy Nati, Nati, miles de veces habrás oido la frase ¿por qué tendrá que ser todo tan difícil? Y lamentablemente, no hay respuestas. Sólo deseo que el día que se encuentren (allá por agosto, nenito ni se te ocurra salir antes!!!!), todo sea un mar de felicidad.

Besos

Moni

Iris de Brito dijo...

Desde aquí, mis oraciones te acompañan. Esperemos que todo salga de lo mejor, Ánimo que van por buen camino!!
Iris

Zeta dijo...

Muchas gracias, Iris.
Bienvenida, gracias por quedarte!

Zeta

Maria Rosero dijo...

La ecografía 3D también es particularmente útil para explicar determinadas malformaciones en el bebé durante el embarazo. Las ecografías 3D permiten complementar el diagnóstico más preciso y establecer un plan de acción para enfrentar cualquier dificultad.