martes, 1 de diciembre de 2009

Acumulación de estúpidos (yo inlcuida)

Uno nunca sabe dónde se va a topar con los costados más bajos de la estupidez humana. Generalmente te toman por sorpresa y por ello el efecto es aún peor.

Manejaba feliz por una calle angosta. El tiempo me apremiaba. Tenía que dar mi brazo a los sacadores de sangre antes de que agotaran su tiempo de vampiros equipados. Adelanté mi auto al primer obstáculo de la jornada y otro, que no tenía nada que ver en la maniobra, no tardó en esgrimir su espíritu de Robin Hood. Se encontraba conmigo, su primera estupida del día. Me puteó y adelantó su auto al mío. Y ahí nomás se puso a jugar conmigo, con mi paciencia y como si fuera poco, con mi sangre. Volanteaba de un lado al otro de la calle sin dejarme pasar, olvidando su rumbo. Lo había trocado por impedir el mío. Así unas diez cuadras en las que yo gesticulaba los peores insultos de modo que él pudiera leer claramente mis labios. Así hasta que tuvo la amabilidad de doblar y perderse en el mundo de mi olvido. Por un rato porque pronto lo recordaría. Tan pronto como otro imbécil se sumara a mi jornada y entonces yo pudiera sentir el hastío de la existencia.

Me sacaron sangre lo más bien. Hasta me regalaron un alfajor para mitigar rápido mi ayuno. Eso me puso de buen humor. Salí contenta. Caminé un par de cuadras hasta la farmacia. Crucé un par de miradas amargas con la que cobraba cuando luego de preguntarle si tenía cambio me respondió que no con la típica cara de tengo y no te voy a dar. Yo acepté con un agrio e hipócrita ¿no tenes?. No. Y las dos sabíamos de qué hablábamos. Una mini cuota de hipocresía diaria no le hace mal a nadie después de todo.

Seguí caminando hasta un bar, enfrente de mi trabajo, para acabar definitivamente con mi ayuno. Allí la malignidad del mundo llegó a su punto máximo. Es cierto que se me habían hecho las 12 del mediodía pero tan cierto es también que pregunté simpática: ¿estoy a tiempo para un café con leche con medialunas? (Aclaro que me senté afuera, en las mesas no preparadas para almuerzo). El mozo era rubio, con rulos atados en una colita alta que sostenía por detrás de su cabeza una suerte de mata rubia y peluda. Una especie de pompón poco agradable. De piel bronceada y ojos claros. Pendejo. Canchero. De esos que te dejan en claro que están ahí, pero que no necesitan el trabajo, que están solo circunstancialmente, que en verdad esperan más de la vida y que el padre podría mantenerlos perfectamente, sólo que están en la etapa de demostrarle que pueden valerse por si mismos.
Se acercó displicente y ante mi pregunta no esperó un instante. Se alejó y me dijo: te averiguo. Pensó: otra estúpida más. Cuando ya se iba le grité bajo: ¡sino pido otra cosa!
Nunca volvió. Mi mirada inquieta cuando pasaba hacia otra mesa, lo hizo decir: ya te traigo. Y mientras se alejaba volví a gritarle bajo: también quiero un jugo de naranja. Para qué está uno en un bar si no es para pedir cosas. No se supone que el mozo debería molestarse por eso. Cuando uno pasa cuatro horas con un café también te miran mal. Al final no hay cosa que les venga bien.
Al rato largo apoyó sobre mi mesa el café con leche, el jugo, y se fue. Pensé: deben estar terminando las medialunas. Al rato largo trajo UNA maldita medialuna. Rica, calentita, pero sola. Una solita. ¿Una sola? le dije. Pedí con medialunas. Pensé pero no dije: eso, en el país de las medialunas significa tres o dos a lo sumo en lugares gourmet o amarretes como más les guste. Me miró displicente por enésima vez y me dijo: bueno. Y después de veinte minutos trajo otra puta medialuna, solita ella.

¿Si le dejé propina? Están locos. Ni un centavo. Ojalá hubiera podido dejarle este escrito que surgió ahí mismo sobre la mesa en la que no llegaban mis malditas medialunas.

6 comentarios:

Maydi dijo...

que bien escribís hasta de las medialunas! :D

Pilot dijo...

Jajaja!!!!!!! coincido con Maydi.

Anónimo dijo...

Prejuiciosa!!!no todos los rubios de ojos claros tienen padres que los pueden mantener. Si era morochito le hubieras dejado propina??lo tuyo es de discriminadora o de amarreta??

Zeta dijo...

Le hubiera dejado propina si me hubiera traido mis malditas medialunas! Y me hubiera tratado bien, claro!
En cualquiera de esos casos no sabría si era rubio, morocho, colorado, japones... yo quería mis medialunaaasss!!!

majito dijo...

No es un tema de colores. Es pelotudez, descortesia, no saber trabajar, que te chupe todo un huevo y ENCIMA, seguro, esperar propina o las gracias por un servicio del orto.
Es Argentina, nos guste o no. Una lastima.
Naty, anonimo no entendio.
Beso
PD: estoy re mal hablada pero en estos dias la pelotudez me ha superado (inclusive, la mia!) o sea, me considero con derecho.

Virgin dijo...

coincido con Majito, es descortesía, mala onda por la mala onda en si misma, por vivir en una ciudad que cada día hace que uno sea más egoista y no se interese ni por mirar a los costados.
Te juro que mil veces pienso que si no fuera por el trabajo, que tenemos local que viene de familia, me iria a algun lugar menos salvaje a vivir...
Besotes.